24.11.11

Gracias y Adiós

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Mundo Hispano
Vea Lecturas Biblícas


Misal Diario (Nuevo)


Lecturas Biblícas de la Santa Misa (Nuevo)
(Separadas por los ciclos anuales ABC)


Con el fin del año litúrgico, anuncio que, en el fúturo, no voy a publicar de nuevo cada semana mis comentarios. Hace tiempo que el ciclo de las lecturas litúrgicas está completo, incluso para los diferentes años litúrgicos.  Gracias a Dios, este proyecto personal se ha cumplido.


Desde ahora, el lector solo tiene que buscar usando la función denominada en inglés "search"--que aparece hacia arriba a la izquierda--para localizar las lecturas del domingo en que se interesa. Por ejemplo, para el domingo que viene, solamente tiene que buscar con la frase "primer domingo adviento." Para escoger la lectura correcta, solamente tiene que ir a un misal o al enlace en el blog llamado "Lecturas Biblícas" para confirmar que tiene las lecturas apropiadas para el año litúrgico en cual se encuentra. (Este domingo empezamos el ciclo B.) También se encuentra en este mismo escrito, hacia arriba, dos nuevos enlaces al misal diario que incluyen las lecturas dominicales.


Ha sido un honor personal preparar estos comentarios para mis hermanos y hermanas del mundo hispano. Espero que puedan seguir utlilizándolo en la manera explicada. Gracias a todos mis lectores.
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20.11.11

Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo: Ezequiel 34:11-12, 15-17; 1 Corintios 15:20-26, 28; Mateo 25:31-46

Procesión de Jesús Nazareno de Candelaria, Cri...Image by RobertoUrrea via FlickrVea Lecturas Biblícas

El Rey del Universo interviene en su universo. Tenemos un libro de la Biblia llamado los Hechos de los Apóstoles. La Biblia entera se puede llamar «los Hechos del Rey». En Ezequiel, el Señor Dios dice que él es quien busca y rescata a las ovejas. En el Evangelio, Jesucristo describe su justicia en la consumación del mundo entero--el Juez viene a juzgar y arreglar. Interesamente, la lectura paulina habla de la resurrección que precede la consumación del mundo. Nuestro Dios no es un mero tema filosófico, un argumento intelectual, una fantasía psicológica. 


Nuestro Dios es un Dios de hechos, de acontecimientos, de verdaderas intervenciones públicas y privadas. Es el Dios que transforma las situaciones públicas y privadas. Es el Dios de sorpresas que azoran. No es un Dios en una cajita linda llamada «religión» por los hombres--es el Dios Rey del universo. La más grande sorpresa, como nos recuerda san Pablo hoy, es la resurrección de Cristo. Ese hecho confirma que nuestro Dios es el poder y la fuerza que gobierna, juzga, y transforma el universo. Acérquense a ese poder real.


En cualquiera situación en que se encuentra, uno puede esperar la intervención del rey del universo. Pausa, piensa, medita, ora, toma los pasos necesarios y obvios, pero también tenga la esperanza que Él va hacer algo grande en tu vida para liberarte de tu "Egipto" personal, para darte tu éxodo, tu salida, personal.
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13.11.11

Trigésimo Tercero Domingo del T.O.: Proverbios 31:10-13, 19-20, 30-31; 1 Tesalonicenses 5:1-6; Mateo 25:14-30

The parable of the talents, as depicted in a 1...Image via WikipediaVea Lecturas Biblícas


La diligencia sobria. Este es el tema de hoy. En Proverbios, vemos una alabanza extraordinaria a la mujer «hacendosa . . . . que teme al Señor». Existen tales mujeres y cuando las encontramos, las Escrituras requieren que ese tipo de mujer sea «alabada por todos». En algunas culturas, familias, y algunos círculos sociales, no se alaba mucho a la gente, sea hombre o mujer. Se guarda el silencio, y se rompe el silencio solamente cuando alguien fracasa en algo. Eso no es la manera bíblica ni cristiana: debemos de consolarnos unos a los otros y a honrar a los que merecen el honor. En Proverbios, se alaba especialmente la mujer activa, diligente, inteligente, y sabia. No es cosa de mujer pasiva o callada. Es cosa de una mujer muy activa y productiva que tiene ámbito para sus talentos prodigiosos.

En la epístola, san Pablo acaba diciendo que nos mantegamos «despiertos y vivamos sobriamente». Quiere decir, todos debemos ser tan diligentes como la mujer que merece la alabanza en Proverbios. La cristiandad no llama a nadie a ser pasivo: eso es típico de las religiones orientales, no de la de nosotros. El cristianismo pone como modelo a la persona práctica y prudente que aprovecha las oportunidades para hacer el bien.

En el Evangelio, Jesús cuenta la famosa parábola de los servidores que explotaron en diferentes maneras al dinero que se le encargó. El único servidor condenado en la parábola es el perezoso que hizo nada con lo que se le había encargado. Otra vez, vemos que el cristiano está obligado a ser diligente. Pero no podemos dejarlo así en una manera tan indeterminada. ¿Diligente para qué? No es diligencia para la vanidad (como nos advierte la lectura de Proverbios), no es diligencia para la seguridad falsa del materialismo (como nos advierte implícitamente san Pablo), y no es tampoco la diligencia falsa del servidor que por resentimiento y miedo busca una falsa seguridad en no arriesgarse (como nos cuenta el Evangelio). Es una diligencia sobria que sabe que lo más importante es el Señor quien nos hizo y quien nos mantiene vivo momento tras momento, el mismo Señor que aparece en la parábola y que vendrá otra vez a este mundo.

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6.11.11

Trigésima Segunda Semana del T.O.: Sabiduría 6:12-16; 1 Tesalonicenses 4:13-18; Mateo 25:1-13

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La lectura del libro de la Sabiduría nos recuerda cuando Jesús en partes del Evangelio le dice a sus discípulos que oren sin cesar y que lo que ruegan y buscan lo encontrarán (Mateo 7:7-11 y Lucas 11:9-13). La lectura del Viejo Testamento de hoy nos dice que la sabiduría «se deja encontrar por quienes la buscan» y que a encontrarla quedaremos «libre de preocupaciones».

Sabemos que esa sabiduría se encuentra plenamente en Jesús. En el Evangelio de hoy Jesús cuenta la parábola de las diez jóvenes esperando la llegada del esposo. Y nos advierta que estemos preparados para la llegada del esposo porque no sabemos «ni el día ni la hora». Jesús es Sabiduría y nos da sabiduría con este consejo urgente: esten preparados para la llegada del esposo. El Esposo es el mismo Jesús y el banquete de bodas se celebrará cuando Jesús mismo vuelva otra vez. En ese banquete si estaremos completamente libre de preocupaciones como prometió el libro de la Sabiduría.

Tenemos que escuchar y «darle la primacía en los pensamientos»--como aconseja la lectura del Viejo Testamento--a este consejo de Jesús. Jesús se acerca a cada uno de nosotros y vendrá para cada uno de nosotros muy personalmente en el día y en la hora de nuestra muerte. Y como nos damos cuenta, no sabemos ni el día ni la hora de nuestra muerte. Por eso el consejo de Jesús es, como también se dice en la primera lectura, «prudencia consumada». Además Jesús vendrá a juzgar y transformar el mundo entero en su segunda venida cuando todo quedará renovado, cielo y tierra. Obviamente, a los que les toque estar vivos en ese momento tendrán que estar preparados.

En su primera carta a los tesalonicenses, san Pablo repite esta enseñanza de Jesús. En cierto modo, las palabras de Pablo son un comentario inspirado sobre esta parábola de Jesús. San Pablo le asegura a los tesalonicenses que los difuntos tendrán su encuentro con Jesús igual que los que esten vivos en el momento cuando Jesús venga a juzgar al mundo entero. 

Los difuntos «resucitarán primero». En esa resurrección, se completa la promesa del Viejo Testamento que finalmente quedaremos libres de toda preocupación, especialmente la preocupación más terrible, la preocupación sobre la muerte que nos espera. Esa era la preocupación de los tesalonicenses y es también la de nosotros.

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30.10.11

Trigésimo Primero Domingo del T.O.: Malaquías 1:14-2:2, 8-10; 1 Tesalonicenses 2:7-9, 13; Mateo 23:1-12

Malachi (ortodox icon)Image via WikipediaVea Lecturas Biblícas


El tema de hoy es una advertencia a los jefes religiosos y sobre la actitud de los creyentes a tales personas. Quiero apuntar tres asuntos en considerar estas lecturas: 1) tenemos que desafortunadamente pensar sobre los escándalos sexuales que se han manifestado entre los sacerdotes católicos en los EE.UU.-- no se puede evitar tal reflección penosa; 2.) debemos también atender a los jefes religiosos de varias denominaciones y sectas que han cambiado las enseñanzas tradicionales del cristianismo en lo moral y en la teología más fundamental; y 3.) tenemos que pensar en el mensaje específico de la lectura evangélica de hoy.

Los escándolos en los Estados Unidos se prestan mucho a la lectura del profeta Malaquías que ataca a la corrupción de los sacerdotes del Viejo Testamento que «se han apartado del camino» y han traicionado a sus hermanos. Los sacerdotes que han violado a los jóvenes en los EE.UU. y en otros países claramente se han apartado del camino de Dios y han traicionado a sus hermanos en el sacerdocio y a sus hermanos laicos. Y en la lectura vemos la maldición de Dios sobre ellos: se han hecho «despreciables y viles ante todo el pueblo». Por eso vemos ahora las reformas urgentes en los seminarios del nuevo Papa Benedicto XVI.

Pero tenemos que también ver muy claramente la corrupción de los jefes religiosos en muchas denominaciones protestantes que han llegado al punto de ignorar totalmente las enseñanzas morales que se ven muy claramente en las Escrituras. Por un solo ejemplo, consideramos el movimiento entre algunas denominaciones liberales del protestantismo norteamericano para anunciar la gran mentira que la vida activa homosexual pueder ser algo aceptable al cristianismo. San Pablo nos dice que él predicó a los tesalonicenses la «palabra de Dios». Estos jefes liberales del protestantismo norteamericano estan, en contraste, predicando la palabra mentirosa del diablo, el padre de las mentiras. La advertencia en Malaquías incluye a estos.

Finalmente, llegamos a la lectura de Mateo en cual Jesús reconoce la autoridad de los que se sientan en «la cátedra de Moisés» pero les advierte a los creyentes de no imitar las obras de esos jefes. Es interesante que Jesús se refiere especificadamente a la «cátedra de Moisés». En esa referencia se ve el origen de la noción católica de la autoridad del obispo cristiano que tiene su cátedra o asiento de autoridad literalmente en su catedral y además de la autoridad del papa cuando habla, como se dice en latín, ex catedra, con autoridad infalible. Hay continuidad entre las estructuras de la antigua Israel y las de la Iglesia, la Nueva Israel.

También tenemos que notar que Jesús les dice a sus oyentes que no llamen a ninguna persona ni padre ni maestro porque solo Dios es nuestro Padre y Maestro. Es una ironía que algunos protestantes usan estas palabras para criticar a los católicos y a otros cristianos que llaman a sus sacerdotes «padre». Es irónico porque los mismos protestantes que hacen tal crítica se acostumbran a llamar a sus pastores «maestros» hasta con el título universitario de «doctor», que quiere decir nada más que maestro en su sentido original que proviene del latín. Parece que ignoran los versos que no les convienen.

Y además podemos apuntar que el mismo san Pablo se refiere a sí mismo como el padre espiritual de Timoteo, su hijo en la fe (1 Timoteo 1:2; compare 1 corintios 4:15). También en la misma carta leída hoy de 1 tesalonicenses, Pablo se refiere a sí mismo como padre de los tesalonicenses (2:11-12). Estas referencias bíblicas nos indican que la polémica contra llamar a los sacerdotes «padre» no tiene fundación. Lo que Jesús actualmente proclama, en el contexto de su ministerio público, es que ahora el pueblo de Israel tiene que reconocer que el guía nuevo y definitivo es «solamente Cristo», el Mesías que viene a ser el «servidor» humilde del pueblo. 

Estas palabras de Jesús son una declaración mesiánica para llamarle la atención dramáticamente a los judíos que aquí está el Mesías que han esperado y que representa al Padre y que es, por eso, el maestro y guía definitivo. Este ejemplo particular de interpretación nos recuerda que atender al contexto bíblico completo de un pasaje específico es esencial en entender la Biblia.

Y ese es el mensajo del Evangelio de hoy: solo Jesús es el Guía. El papa, los obispos, y los sacerdotes son los instrumentos representativos de Jesús del cual viene toda autoridad y verdad. Por eso san Pablo, el padre espiritual de los tesalonicenses, les recuerda a los tesalonicences que les predico no «palabra humana» de un mero maestro, guía, o padre humano, sino la «palabra de Dios».


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23.10.11

Trigésimo Domingo del T.O.: Éxodo 22:20-26; 1 Tesalonicenses 1:5-10; Mateo 22:34-40

DENVER, CO - MAY 23:  Roberto Vizguerra, 4, so...Image by Getty Images via @daylifeVea Lecturas Biblícas


Un tema que se puede encontrar, entre muchos otros temas, en la riqueza de las lecturas de hoy es el tema de la objetividad del bien de las otras personas. En Éxodo, vemos el principio fundamental: no explotes al vulnerable--la viuda, el húerfano, el extranjero, al que le prestas dinero. En la carta paulina, vemos a san Pablo declarar claramente a los tesalonicenses: «Bien saben cómo hemos actuado entre ustedes para su bien».

Este tema de actuar para el bien del otro y de no explotar al otro se resume en la lectura evangélica cuando Jesús nos propone los dos mandamientos en que se fundan la ley y los profetas. Existe Dios, la perfección total de la verdad, lo bueno, y lo bello. No es cosa de sentimiento o emoción. Existe objetivamente el único que es Bueno. 

Y a ese le debemos todo sin excepción: desearlo con todo corazón--quiere decir con todas nuestras intenciones y decisiones más fundamentales, y con toda alma, y con toda mente. Nota que no se excluye la intelectualidad. El cristianismo no es algo anti-intelectual. No podemos abandonar nuestra mente. Dios es la verdad y la sabiduría. Nos llama en forma completamente y totalmente humana: emocionalmente, psycológicamente, e intelectualmente. Nada humano queda afuera.

Entonces viene el otro mandamiento que también se basa en la objetividad, no en el mero sentimiento. Amar al «prójimo como a ti mismo». Cuando una persona se ama a si mismo, busca su bien objetivamente. Es verdad que en muchos casos los defectos psicológicos, la concupiscencia, y la ignorancia nos lleva a dañarnos, pero siempre intentamos buscar lo que creemos ser objetivamente nuestro bien.

Ese criterio ahora se tiene que aplicar a las otras personas. El varón con este criterio no se propone a seducir a la mujer, sino a proponerle la dignidad del matrimonio o la dignidad de la amistad honorable. Los padres no buscan la aprobación de sus hijos, sino asegurar un futuro de verdadera felicidad. Los hermanos mayores se interesan en proteger a sus hermanos menores. El profesor no abusa de sus estudiantes, sino se esfuerza para comunicar efectivamente lo que se ha comprometido a enseñar. El comerciante, el trabajador, el labrador, y el profesional se dedican a servir con calidad sin explotación ninguna. 

Es un criterio con objetividad que se basa en la existencia verdadera de Dios. Podemos mirar al bien de las otras personas porque creemos que existe Él quien es perfectamente Bueno.

Por eso sabemos que en sociedades, familias, y en individuos donde se pierda la creencia en Dios encontramos la maldad sin límites. Se pierde la noción de la objetividad del bien. Entonces el único criterio que queda es el egoísmo y acabamos en comernos como fieras unos a los otros en el relativismo conveniente.

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16.10.11

Vigésimo Noveno Domingo del T.O.: Isaías 45:1, 4-6; 1 Tesalonicenses 1:1-5; Mateo 22:15-21

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En el Evangelio, la simplicidad astuta de la respuesta de Jesús a sus enemigos todavía es asombrante tantos siglos y siglos después: «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». En la lectura de Isaías, vemos que es Dios quien permite las conquistas de los reyes. La conquistas romanas se permitieron para tener un ambiente de paz, seguridad, y buenas carreteras en el mundo mediterráneo en cual se difundió rápidamente el evangelio que acabó en conquistar a los mismos conquistadores romanos. Pero no fue solamente cosa de paz, seguridad, y carreteras. Como nos dice san Pablo en la carta a los tesalonicenses, fue por medio del poder del Espíritu Santo, «que produjo en ustedes abundantes frutos».

Con ese panoramo, volvemos a la famosa respuesta de Jesús: «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Pero ahora nos damos cuenta que todo lo que tenga el César vino primero de Dios. En realidad, todo es de Dios. César es un mero producto de la providencia de Dios. Por eso, en fin, no hay conflicto entre pagar los impuestos a César y darle todo a Dios. Todo es de Dios-- hasta lo que le pertenece legítimamente al César.
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9.10.11

Vigésimo Octavo Domingo del T.O.: Isaías 25:6-10; Filipenses 4:12-14, 19-20; Mateo 22:1-4

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Hoy quiero comentar sobre el tema de la cooperación con la voluntad de Dios. Somos libres en el sentido que podemos cooperar o rechazar a Dios. Todo lo que pasa en el mundo no es por mano de Dios. La maldad viene de nuestro rechazo de la voluntad de Dios en nuestras vidas y también viene por la influencia del diablo en este mundo. Dios permite la maldad porque nos hizo seres dignos de la libertad, pero Dios no es autor de lo malo. Por eso nuestra cooperación es tan importante. Para que se desenvuelva la voluntad de Dios para nosotros tenemos que cooperar.

En Isaías tenemos la fiesta que el Señor prepará para los que cooperan. Los invitados a la fiesta dicen «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara». Los que llegan a la gran fiesta esperaban en Dios por su salvación. ¿En quién o en qué esperamos nosotros para ser salvados? ¿Esperamos en el dinero o en la fama o en el prestigio? ¿Esperamos en una relación romántica? Los que llegan al banquete esperan en Dios para la salvación.

En su carta a los filipenses, san Pablo dice que el tiene fuerza, sea en pobreza o en abundancia, porque todo lo puede unido a Cristo quien le da la fuerza. Pablo espera solamente en Cristo para sus necesidades.

En el Evangelio, tenemos la parábola de la boda del rey. No hubo la cooperación de los invitados. Quedaron indiferentes a una invitación real. Es asombrante, pero nosotros los humanos tenemos tremenda capacidad para ser indiferentes. A veces uno se tiene que quedar pasmado de como tantos son indiferentes a lo que les conviene, hasta cuando se le ofrece gratuitamente. 

Pero así es la cosa. ¿Porqué tanta indiferencia obstinada y obtusa? Creo que viene de la ilusión que no necesitamos a nada más o a nadie más. Es un tremendo error basado en el orgullo y la arrogancia de ser confiados en nosotros mismos. En verdad necesitamos siempre porque somos tan incompletos. Y él que nos completa es Jesucristo. Sin Cristo no podemos hacer en realidad nada que dure. No debemos rechazar la invitación del Rey.

Y la otra verdad que nos llama la atención en la parábola es que el Rey no mantiene la invitación por siempre. Llega un momento de decisión para todos; y si rechazamos la oportunidad, se invita a otros en nuestro lugar.
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3.10.11

Ahora Escoge Ud. Como Leer el Blog

Ahora hay varias opciones para leer el blog con diferentes vistas. Para encontrar la vista que Ud. prefiere, escoga de las opciones que aparecen hacia arriba: «Classic», «Flipcard», «Magazine», etc.

2.10.11

VIgésimo Septimo Domingo del T.O.: Isaías 5:1-7; Filipenses 4:6-9; Mateo 21:33-43

Tempranillo vines, Clos la Plana vinyard, Pene...Image via WikipediaVea Lecturas Biblícas


En el Evangelio, Jesús repite como parábola esencialmente (no exactamente) lo que se contiene en la lectura de Isaías. En Isaías, el dueño de la viña con la torre y el lagar decide destruirlo todo porque la viña no dio uvas buenas: dio solamente uvas agrias. Se condena al pueblo escogido porque muchos cometieron iniquidades. En la parábola de Jesús también tenemos una viña con una torre y con lagar que acaba en ser juzgada por Dios, pero esta vez no por razón de uvas agrias sino por razón que los viñadores mataron al hijo del dueño de la viña. Pero en fín, en ambas situaciones vino la condenación porque no se respetó a Dios el dueño de las dos viñas.

Aquí se habla del juicio y de la condenación de Dios. Hemos hecho en muchos casos de Jesús una figura de debilidad. Pero en el Evangelio vemos a un Jesús con autoridad que se tiene que respetar y temer porque anuncia el juicio de Dios a los hombres. Obviamente no es cosa de temer a algo malo sino de temer a lo que es perfectamente bueno que exige nuestro respeto, nuestra obediencia, y nuestra reverencia profunda. Jesús se tiene que respetar porque a la misma vez que es perfectamente bueno y compasivo es también omnipotente y exigente y rechaza lo malo. Jesús perdona pero también juzga.

Si queremos evitar ser uvas agrias y viñadores rebeldes, debemos de adaptar nuestras vidas al programa de vida descrita por san Pablo en la carta a los filipenses. El programa de vida del cristiano es presentar a toda necesidad y preoccupación a Dios en la oración con gratitud por todo, sea algo pasado, presente, o futuro. Y se nos promete que ese programa de vida nos quitará la inquietud y nos dará paz en esta vida. Para abandonarnos asi a Dios tenemos que reconocer que la paz de Dios sobrepasa toda nuestra inteligencia. Muchas cosas que nos pasan no entendemos, pero en la entrega total a Dios tendremos la paz. No se tiene que entender todo para recibir la paz de Dios en esta vida. Con fe en la providencia de Dios, seremos uvas buenas y viñadores obedientes al dueño de la viña.
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25.9.11

Vigésimo Sexto Domingo del T.O.: Ezequiel 18:25-28; Filipenses 2:1-11; Mateo 21:28-32

Vea Lecturas Biblícas alarm clock, bought from IKEAImage via Wikipedia
Tenemos que alegrarnos que Dios perdona a los pecadores que han destruido a sus proprias vidas precisamente porque somos nosotros esos mismos pecadores. La justicia de Dios no se puede separar de su misericordia. Por eso en Ezequiel se conecta intimamente la contrición con la justicia de Dios. Con la conversión viene la justicia misericordiosa. Pero sin arrepentirse quedamos condenados por nuestra propia mano.

Pablo le escribe a los filipenses como Jesús se humilló para salvarnos. Esta lectura se tiene que leer repetidamente para entrarla en lo fondo. Nosotros tenemos que abandonar el orgullo, la ilusión, que sabemos aparte de Dios como vivir la vida. Tenemos que admitir nuestra ignorancia y pedir perdon a Dios y, si es práctico, a los que hemos dañado en nuestro egoísmo.

En el Evangelio, Jesús se lo dice en una manera alarmante a los que están satisfechos: los peores que se arrepientan se han adelantado. Por eso el sacramento de la confesión es tan esencial. Tenemos que humillarnos y admitir que no somos tan perfectos, tan sabios, y tan buenos como pensamos. Esa complacencia es una ridiculez. Tenemos que alarmarnos para conocer la verdad: necesitamos que confesarnos regularmente para seguir saliendo del egoísmo y la ilusión de ser tan buenos. Noten bien que la confesión sacramental es una alarma evangélica.

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18.9.11

Vigésimo Quinto Domingo del T.O.: Isaías 55:6-9; Filipenses 1:20-24, 27; Mateo 20:1-6

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Dios dice en Isaías que sus pensamientos no son nuestros y que sus caminos no son nuestros. También dice que como los cielos aventajan a la tierra, así aventajan sus caminos a los caminos de nosotros. Tenemos que reconocer que en la vida hay mucho que no entendemos. Por la gracia de Dios, es posible entender más y más los acontecimientos de la vida. Pero a veces esa comprensión viene después que pasa cierto tiempo, sea largo o corto. Y a veces no vamos a entender hasta que hemos muerto y veamos a Dios cara a cara.

San Pablo mismo admite que no sabe si debe de elegir morir para estar con Cristo o seguir viviendo para el beneficio de los filipenses. ¡Pablo, tan cerca al Señor, no sabe que elegir o desear! No es sorpresa que nosotros también no sabemos que pensar sobre nuestras vidas. Pero Pablo no se queda ansioso o miedoso. Pablo sabe que sea por medio de su vida o por medio de su muerte, «Cristo sera glorificado en mí».

En el Evangelio, Jesús explica la parábola del propietario que le pagó la misma cantidad de dinero a los trabajadores más recientes que trabajaron poco tiempo que le dió a los trabajadores que trabajaron el día entero. Otra sorpresa de Dios. Dios no se lleva por lo que nosotros creemos necesario. Dios en su misercordia, favor, y bondad es generoso en una manera a veces inexplicable a los humanos.

El impacto de estas lecturas es llamarnos a la humildad intelectual: entendemos poco y muchas veces entendemos mal. Nuestro Dios es un Dios de sorpresas en las vidas de los individuos. No es un Dios que se puede controlar o manipular. La vida es una verdadera aventura, y él que dirige la aventura es Dios.
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11.9.11

Vigésimo Cuarto Domingo del T.O.: Eclesiástico 27:33-28, 9; Romanos 14:7-9; Mateo 18:21-35

Cristo del Perdón (Huelva)Image via WikipediaVea Lecturas Biblícas

Estas lecturas hablan del perdón. Hemos oído en nuestras vidas muchos sermones sobre el perdón. Vamos a leer con cuidado para encontrar si hay algo nuevo que Dios nos quiere decir. En la lectura de Eclesiástico (también conocido como el libro de Sirácide), el perdón del prójimo es el hecho necesario y práctico: si pedimos perdón a Dios y a nuestros compañeros por nuestros pecados, tenemos que dar el mismo perdón. Para mantener una relación con Dios, tenemos que perdonar a otros precisamente porque la única base de nuestra relación con Dios es el perdón de Dios hacia nosotros. Para recibir perdón (algo que tenemos que recibir por necesidad humana) tenemos que dar perdón.

¿Y para que hacer todo esto? Porque, como dice Pablo en la segunda lectura, vivimos y morimos para el Señor. El egoísmo no puede perdonar. Se ancla en el orgullo o en la venganza. Pero si reconocemos que existimos no para nosotros sino para Dios, entonces si podemos perdonar ofensas personales. Reconocemos que la ofensa personal no importa; lo que importa es vivir la vocación que Dios nos ha dado. Eso es lo importante. La venganza se rechaza no porque el que ofende no se la merece pero porque nosotros tenemos asuntos mucho más importantes para enfrentar en nuestras vidas.

Pero también es verdad que el perdón no es idealmente algo sin ciertas condiciones. En la parábola que Jesús nos cuenta en el Evangelio los que fueron perdonados primero suplicaron por el perdón y reconocían a la misma vez que tenían la obligación de pagar sus deudas. No es asunto de recibir el perdón sin tener que pedirlo y sin tener que tratar de corregir los efectos de nuestros hechos. Él que quiere ser perdonado, sea por Dios o por el prójimo, tiene que arrepentirse y anunciar un cambio de conducta. Para ser perdonado tenemos que convertirnos.

A la misma vez, Cristo desde la cruz perdonó a sus enemigos porque ellos no sabían lo que hacían. En ciertas situaciones, él que nos ofende ni pide y ni quiere el perdón: ni reconoce que lo que ha hecho es algo malo. En tal casos, perdonamos por medio de no guardar el rencor. Pero él que ofende y no se se quiere arrenpentir es él que pierde la oportunidad de conversión. Pero él que perdona hasta el prójimo que no pide el perdón queda libre para vivir la vocación suya manifestada en la vida y la misión que recibe de Cristo.
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3.9.11

Vigésimo Tercero Domingo del T.O.: Ezequiel 33:7-9; Romanos 13:8-10; Mateo 18:15-20

Statue of Ezekiel on the West Front of Salisbu...Image via WikipediaVea Lecturas Biblícas


¿Qué es el amor al prójimo? ¿Es ganar la aprobación del prójimo? ¿Es complacer y satisfacer al prójimo? Sabemos por la luz natural de la razón que no puede ser así. Y las Escrituras enseñan lo mismo. En Ezequiel, leemos que Dios dice que el profeta tiene que amonestar y informar al prójimo del mal camino, o el profeta mismo pagará con su propria vida. En el Evangelio, Jesucristo le da a sus discípulos un proceso de corregir al hermano: primero a solas, despúes con testigos, y finalmente por medio de la comunidad entera. No es asunto de complacer al hermano que cae en error. Es asunto de corregir. Y si el hermano no escucha y no acepta la corrección hay que apartarse del hermano como si fuera pagano o publicano para que el hermano se de cuenta de su situación.

San Pablo escribe que no debemos de tener deuda ninguna más que la deuda del amor mutuo. Ese amor mutuo resume a los mandamientos. Nota que Pablo menciona el mandamiento de no dar falso testimonio. El amor mutuo requiere no dar falso testimonio. Dicho positivamente, el mandamiento de no dar falso testimonio es un mandamiento de comunicar la verdad. El amor no existe aparte de la verdad porque la verdad es necesaria para hacerle bien a cualquier persona, y el amor es cosa de hacerle el bien con objetividad al otro. Padres no deben quedarse mudos cuando ven a sus hijos asociando con gente de mal carácter o contemplando matrimonio con alguien que no le conviene. Amigos no se pueden quedar mudos cuando ven a sus amigos en el peligro moral. El amor requiere el riesgo de ser rechazado por el amado. El que pierde su vida por Cristo la encontrará.

A veces tenemos que abandonar prudentemente y con cuidado la cortesía y la diplomacia que imuniza al prójimo de la verdad. Amar es avanzar el bien verdadero del otro. No se puede sustituir por ese amor auténtico el deseo egoísta de ser popular con el otro o aprobado por el otro.

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28.8.11

Vigésimo Segundo Domingo del T.O.: Jeremías 20:7-9; Romanos 12:1-2; Mateo 16:21-27

The figure of Jeremiah on the Sistine Chapel c...Image via WikipediaVea Lecturas Biblícas


Vemos un panorama de conflicto en las lecturas de hoy. Es un conflicto, se puede decir, entre el instinto natural y prudente de protegerse a si mismo y la llamada del Señor que nos pone en peligro y riesgo. El profeta Jeremías expresa en una manera inolvidable la tensión psicológica. Por una parte tememos ser objeto de burla, pero por otra parte la verdad de la palabra de Dios nos urge a proclamarla. En fin, la burla no importa porque la verdad es tan fuerte que gana.

En el Evangelio, Jesús nos da el secreto de la vida, el secreto que puede resolver la tensión psicológica entre el instinto de preservarse y la llamada radical de Dios. Jesús nos dice que la persona que pierde la vida por Él es precisamente quien la encontrará. San Pablo elabora lo que el Señor nos enseña cuando Pablo nos urge a transformar nuestra manera de pensar para poder distinguir la voluntad de Dios para nuestras vidas. Todo acaba en el abandono total a Dios, un abandono que confía que el Dios que es amor, agape, exige solamente nuestro bien auténtico. Por eso estamos dispuestos a entregarnos a Dios hasta cuando tenemos miedo de las consecuencias.
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21.8.11

Vigésimo Primero Domingo del T.O.: Isaías 22:19-23; Romanos 11:33-36; Mateo 16:13-20

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Hoy se habla del primado de Pedro como líder de la Iglesia universal. En el Evangelio, Jesús claramente celebra la fe de Pedro quien lo confesó como Hijo del Dios viviente. Pero también Jesús claramente apunta a Pedro como el centro de autoridad en la Iglesia. Jesús le da a Pedro «las llaves del Reino de los Cielos». Pero dice más, mucho más: «y lo que ates en la tierra quedará atado en los Cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los Cielos».

Esto de atar y desatar es la manera judía de describir la autoridad. Jesús le da autoridad a Pedro. En la lectura de Isaías vemos esa misma manera judía de hablar de la autoridad dada por Dios a su delegado humano:

«Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá» (Is. 22:22).

No hay duda: Jesús le da especialmente a Pedro la autoridad de pastor universal. Las Escrituras en otros lugares confirman esta prioridad autoritaria de Pedro. El obispo de Roma de hoy ejerce su autoridad como succesor del mismo Pedro por medio del mandato directo de Jesús. Por eso vemos en las comunidades protestantes la confusión de doctrina y hasta de enseñanza moral: no tienen el succesor de Pedro. 

Hasta en las iglesias ortodoxas orientales vemos la falta de claridad en ciertos temas morales que amenazan al cristianismo--temas como las controversias sobre la contracepción. Esa falta de claridad autoritaria surge de no tener al succesor de Pedro.

En Isaías se habla de los «insondables . . . designios e inscrutables . . . caminos» de Dios. En la autoridad del succesor de Pedro, del Papa, vemos el designio insondable y camino inscrutable de Dios que escogió a un hombre débil como Pedro para fundar el centro de autoridad en la Iglesia de Dios. 

Los protestantes rechazan este designio; los ortodoxos orientales lo temen y se han acostumbrado a vivir aparte de esta institución. Pero el primado del obispo de Roma no es idea o costumbre o designio o camino de origen humano: viene de la boca misma de Jesucristo.

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14.8.11

Vigésimo Domingo del T.O.: Isaías 56:1, 6-7; Romanos 11:13-15, 29-32; Mateo 15:21-28

PeopleImage by enric archivell via FlickrVea Lecturas Biblícas


Un tema obvio de las lecturas de hoy es que el reino de Dios incluye, como dice Isaías, a «todos los pueblos». Se ve este tema cuando Pablo nos habla de la «reconciliación para el mundo», y cuando Jesús en el Evangelio alaba la fe grande y sorprendente de la mujer cananea.

Pero quiero hablar más de un aspecto particular de este tema: como Dios mismo nos sorprende en su providencia. San Pablo habla de como los paganos, los gentiles, que eran los rebeldes contra Dios, alcanzaron la misericordia de Dios. En un mundo pagano profundamente corrupto, Dios encontró a su pueblo. 

Hoy lo sigue haciendo en las vidas de individuos, familias, y pueblos. Nosotros en nuestro pesimismo humano no vemos las posibilidades en cierta gente y en ciertas situaciones. No las vemos porque no miramos con la perspectiva de Dios. De lo mas malo--y hay mucho que es muy malo en el mundo, Dios puede sacar una bondad completamente opuesta a lo esperado. 

El favor, la gracia, de Dios puede hacer todo, aunque nosotros no veamos manera posible. Que nosotros no veamos posibilidad de conversión no es importante. Lo importante es saber que Dios lo puede hacer todo y está lleno de sorpresas que arrebatan nuestras expectaciones y prejuicios.

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7.8.11

Decimonoveno Domingo del T.O.: Reyes 19:9, 11-13; Romanos 9:1-5; Mateo 14:22-33

Jews pray in the Wailing WallImage by Zachi Evenor via FlickrVea Lecturas Biblícas


San Pablo escribe unas palabras muy sorprendentes en la carta a los romanos. Escribe que tiene «una infinita tristeza y un dolor incesante» que hasta «tortura» su corazón. Y después hasta dice que «aceptaría» verse «separado de Cristo». Esa tristeza, esa tortura emocional, y eso de aceptar hasta la separación de Cristo es todo por el hecho que los israelitas, su pueblo, han rechazado al Cristo, el Mesías.

Como Pablo, nosotros los cristianos no podemos contemplar a los judíos como simplemente otra religión mundial, otro pueblo entre muchos pueblos. La religión judía es una verdadera religión: incompleta pero verdadera. Por eso, tenemos como cristianos un lazo especial con los judíos de nuestro día. Por medio de ellos, vino y viene nuestra salvación. Como escribe Pablo, «de su raza, según la carne, nació Cristo». El cristiano favorece a los judíos.

¿Y por qué? Porque Dios se manifestó a ellos. La lectura de Reyes nos da una instancia de una epifanía del Señor--esta vez al profeta Elías. Jesús sería otro Elías que sobrepasaría la manifestación de Dios dada a los profetas con la sorprendente encarnación de Dios en la humanidad de Jesús.

En el Evangelio, Jesús camina sobre el agua y les dice a los discípulos aterrorizados: «Tranquilícense y no teman. Soy yo» (Mt 14:27). Esa frase «Soy yo» en el griego original es simplemente la frase «Yo Soy» (en el griego «ego eimi»). «Yo Soy» es el nombre de Dios, el nombre revelado a Moisés (Éxodo 3:14). Jesús es el mismo Dios de los patriarcas, de Moisés, y de los profetas. Por eso, siempre seremos espiritualmente judíos, como dijo el Papa Pio XII.

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31.7.11

Décimoctavo Domingo del T.O.: Isaías 55:1-3; Romanos 8:35, 37-39; Mateo 14:13-21

St John the Baptist mosaicImage by Lawrence OP via FlickrVea Lecturas Biblícas


Vamos hablar del coraje. El profeta Isaías afirma que Dios es la fuente que satisfecha todas nuestras necesidades y todos nuestros deseos. El cristianismo no es cosa de negar los deseos naturales sino de dar la satisfacción verdadera, sana, y permanente a los deseos naturales. Solo en Dios se encuentra la satisfacción de todos los deseos naturales. 

En Romanos, san Pablo afirma que nada nos puede separar del amor de Cristo. El amor de Cristo es la garantía que la providencia y misericordia de Dios nos dará todo lo mejor y toda satisfacción. Si murió por nosotros, como no va a darnos todo lo demás. Pablo vivió esa convicción cuando enfrentaba las persecuciones que culminaron en su juicio fatal en Roma.

En el Evangelio, vemos el coraje de Jesús mismo después de la muerte de San Juan el Bautista por medio de la maldad del rey Herodes. Jesús primero se dirigió «a un lugar apartado y solitario» después de la muerte de Juan el Bautista. Seguramente entró en oración con su Padre. Esa oración le dió todo lo que necesitaba para ir adelante. Sabía que nada, absolutamente nada, lo podía separar del amor de su Padre. Y siguió adelente y fue a la muchedumbre. Curó a los enfermos y multiplicó los panes y los pesces.

La reacción del miedo tras la muerte de Juan el Bautista hubiera sido retirarse del ministerio. La cautela hubiera aconsejado ya terminar con un ministerio público como el de Juan el Bautista que acabó en encarcelamiento y ejecución. Pero Jesús no quizo ir atrás. Siguió adelante porque sabía que el Padre lo iba a vindicar. Esa vindicación fue la Resurrección de su cuerpo, una resurrección indicada indirectamente por las palabras del mismo Herodes (compare Mateo 14:1-2).



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24.7.11

Decimoséptimo Domingo del T.O.: 1 Reyes 3:5, 7-12; Romanos 8:28-30; Mateo 13:44-46

King Solomon, Russian icon from first quarter ...Image via Wikipedia
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Salomón le pidió a Dios solamente la «sabiduría de corazón» y no larga vida, ni riquezas, ni la muerte de sus enemigos. Por eso, Dios le dió la sabiduría y además lo que no había pedido: gloria y riqueza en abundancia. Como en las parábolas del tesoro y de la perla en el Evangelio de hoy, Salomón sabía lo que valía mas que nada: la sabiduría que procede de Dios. Nosotros también, especialmente después de tener experiencia de la vida, conocemos la desilusión que traen las cosas separadas y aparte de Dios, cosas como las riquezas o la gloria o hasta la destrucción vacía de nuestros enemigos. Todo eso no es suficiente para el corazón. El corazón humano necesita la sabiduría de corazón que solamente procede de Dios para ser satisfecho.

 
Y, si perseguimos esa sabiduría de Dios, además recibiremos todo lo que necesitamos como lo recibió Salomón. Por eso, san Pablo dice en la lectura de hoy «que todo contribuye para bien de los que aman a Dios». Los que escogen amar a Dios y poner en el primer plano la sabiduría de corazón que solamente Dios puede dar--como hizo Salomón y los que encontraron el tesoro y la perla en las parábolas de Jesús--serán bienaventurados abundantemente en todas las circunstancias de la vida. Las cosas buenas de la vida se consiguen indirectamente, como fruto de pedir directamente la sabiduría de Dios.



17.7.11

Decimosexto Domingo del T.O.: Sabiduría 12:13, 16-19; Romanos 8:26-27; Mateo 13:24-43

Wheat and tares_0708Image by hoyasmeg via Flickr
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Tenemos que detenernos en el Evangelio de hoy, con la parábola de la cizaña y el trigo. Sabemos que el dueño les dice a sus trabajadores que dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha para evitar que arranquen el trigo con la cizaña. El uso de la palabra «cizaña» en el castellano nos llama la atención. A veces algunos decimos que tal persona ha dicho o nos ha tirado una cizaña, queriendo decir por esta expresión que alguien nos quiere insultar o provocar. Jesús explica que la cizaña en la parábola son los partidarios del maligno, del diablo. Los que crean un ambiente de ira sin justificación, de provocación innecesaria, de desacuerdo inútil entre los ciudadanos del Reino (el trigo), actúan como agentes del diablo. Son la cizaña que crea caos entre el trigo.

Esta provocación por los partidarios del diablo es una realidad que tenemos que enfrentar hasta el fin del mundo, no solamente dentro de la Iglesia pero en todo el campo que es el mundo entero. ¿Cómo podemos responder a la cizaña sin arrancarla?

La lectura del Viejo Testamento habla de la justicia de Dios, el Dios que tiene el poder y lo usa cuando quiere usarlo. Este Dios cuida «de todas las cosas». Juzga con misericordia pero también castiga a los que lo desafían. Dios se preocupará de la cizaña. ¿Qué entonces hacemos nosotros? San Pablo nos indica: orar en nuestra debilidad por medio del poder del Espíritu Santo. Pedimos ayuda contra la cizaña. Esa oración por medio del Espíritu ruega «conforme a la voluntad de Dios». Entonces no es cosa de nosotros arrancar la cizaña a la manera que nos parece conveniente. Es cosa de por medio de la oración buscar la voluntad de Dios hasta el fin del mundo.

10.7.11

Decimoquinto Domingo del T.O.: Isaías 55:10-11; Romanos 8:18-23; Mateo 13:1-23

Vasily Kreitan (1832-1896) SowerImage via WikipediaVea Lecturas Biblícas

En Isaías se habla hoy de la eficacia de la Palabra de Dios. Jesús mismo en el Evangelio cita en detalle las palabras de otra profecía de Isaías: Jesús, la Palabra de Dios, conocía muy bien a las Escrituras. En ese conocimiento bíblico de Jesús, vemos la grandeza de las Escrituras: tenemos en nuestras manos la Palabra de Dios. Se encuentra la Biblia en muchas traducciónes, hasta en traducciónes que se concentran en usar palabras eminentemente claras para que todos puedan entenderlas. Oimos las Escrituras leídas en cada misa, diaria y dominical. Hasta en el «internet», tenemos la Biblia en varias traducciónes e idiomas. Y Dios garantiza que esta Palabra es eficaz.



En el Evangelio, tenemos la parábola del sembrador que es bien conocida y que hasta viene con la explicación del mismo Jesús. Es bueno meditar en las diferentes semillas que cayeron en diferente tipo de tierra pensando en las etapas diferentes de nuestras propias vidas.



Recordamos la etapa cuando la semilla de la Palabra de Dios vino, pero no la entendimos porque nadie la explicó o porque nosotros mismos no quisimos averiguarla. Recordamos tal vez otra etapa de nuestras vidas cuando aceptamos la Palabra con alegría pero por causa de nuestra inconstancia no llegó ha echar raíces. Recordamos cuando la Palabra cayó entre nuestras preocupaciones, nuestras ansiedades, y las seducciónes que la sofocaron. Y también podemos recordar la época de nuestra conversión cuando la Palabra cayó en tierra buena y dió fruto en abundancia. O tal vez todavía esperamos ese momento de conversión.



En la misma vida de la misma persona, hay etapas diferentes con diferentes tipos de tierra. La etapa de la «tierra buena» es la etapa cuando reconocemos la eficacia de la Palabra de Dios y cuando con urgencia leemos las Escrituras. Y si leemos las Escrituras con esa urgencia necesaria para entender y con el auténtico reconocimiento que la Palabra de Dios es lo que solamente nos da vida, seremos «tierra buena» que da fruto.



Y entonces empieza la gestación de nuestra gloria al cual se refiere hoy san Pablo. La conversión es un proceso continuo. En ese proceso sufrimos «dolores de parto» hasta «que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo» que se completará en la resurrección del cuerpo en la nueva creación que surgirá cuando vuelva el Sembrador.
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3.7.11

Decimocuarto Domingo del T.O.: Zacarías 9:9-10; Romanos 8:9, 11-13; Mateo 11:25-30

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¡Qué buena traducción tenemos en la versión castellano (aprobada por la Conferencia Episcopal Mexicana) de la lectura de romanos! En está traducción no se habla, como en íngles, de vivir «according to the flesh/en acuerdo con la carne», que muchas veces se mal entiende como una condenación del cuerpo.
Al contrario, san Pablo condena un modo de vida que es, como dice la traducción castellano, «conforme al desorden egoísta». San Pablo no tiene interés en condenar el cuerpo, el cuerpo que será hecho nuevo y transformado en la resurrección. Lo que condena es lo que controla el cuerpo sin el Espíritu Santo: el egoísmo.

El Espíritu nos libra del desorden egoísta--una liberación imposible por medio de nuestros propios esfuerzos. Hasta hoy en día la cultura popular y hasta muchos de los supuestos sabios e inteligentes proclaman, sin vergüenza, que lo normal y deseado es precisamente el egoísmo. Por eso se observa lo que el Papa Benedicto llama la «dictadura del relativismo» en la moralidad moderna que rebaja todo a nuestros deseos egoístas.

Pero Pablo enseña la liberación del egoísmo que es un desorden, por medio del Espíritu Santo. Y, en el Evangelio, Jesús le da gracias al Padre por haber revelado esta liberación a la gente sencilla y no a los sabios y entendidos. Precisamente Jesús nos llama a ser mansos y humildes de corazón: esa es nuestra condición normal y deseada, la condición opuesta  al egoísmo. Eso no quiere decir que debemos de ser débiles--todavía tenemos que cargar el yugo, pero es una empresa completamente diferente al proyecto del egoísmo. El yugo de Cristo es suave y su carga ligera porque el Espíritu nos da una fuerza sobrenatural.

El profeta Zacarías nos llama a la alegría porque viene el rey que nos dará la liberación. Nota que es un rey poderoso pero de una manera muy diferente: viene «humilde y montado en un burrito». El más poderoso es el humilde, que es opuesto al egoísta. Ya estaba anunciado en la Vieja Alianza la derrota del desorden egoísta que ha venido con Cristo y Pablo predicaba.

26.6.11

El Cuerpo y La Sangre de Cristo: Deuteronomio 8:2-3, 14-16; 1 Cor. 10:16-17; Juan 6:51-58

The Gathering of the MannaImage via Wikipedia
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En esta fiesta vemos el núcleo del catolicismo. En Deuteronomio, Moisés presenta la experiencia de Israel en el desierto. Ahí aprendieron que todo depende de Dios, no en los propios esfuerzos y planes de la humanidad. Tuvieron que vivir del maná. Solo Dios pudo resolver las exigencias del desierto.

San Pablo describe el maná nuevo que ahora nos une con Dios mismo: unidos a Cristo por medio de su sangre y de su cuerpo en vino y pan. Pablo también enseña que la unidad de los cristianos surge de compartir este mismo pan. No podemos nosotros mismos unirnos a Dios por medio de meros esfuerzos humanos. No podemos conseguir la unidad por medio de meras discusiones y actividades exclusivamente humanas. La unión profunda con Dios y con vecino viene solamente del mismo pan que comemos, el pan que es el cuerpo verdadero de Cristo.

En el Evangelio, Cristo lo dijo primero: para tener vida tenemos que recibir y comer y beber el cuerpo y la sangre de Cristo. Estos son dichos claves para el catolicismo. El protestantismo no sabe que hacer con estas palabras tan claras y escandalosas de Jesucristo. Por eso tratan de transformar estas palabras en un sentido puramente intelectual en cual la fe del hombre lo consigue todo. 

Pero esto es, irónicamente, una concepción de fe como algo logrado por el hombre por sus propios esfuerzos y sentimientos emocionales, en contraste con la retórica clásicamente protestante. La verdad es que la única fe que de veras y explícitamente depende solamente en la gracia total de Dios es la fe eucarística que recibe a Cristo como realidad objetiva en el pan y el vino hecho cuerpo y sangre.

Esa fe eucarística es la fe que depende totalmente en el favor y el don de Dios por la salvación--el mismo tipo de fe que se mostró cuando Israel andaba en el desierto por cuarenta años y recibía la realidad objetiva que era el maná.
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19.6.11

La Santísima Trinidad: Éxodo 34:4-6, 8-9; 2 Corintios 13:11-14; Juan 3:16-18

An altar in the church dedicated to the Trinit...Image by The Library of Congress via Flickr
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En el Viejo Testamento, el Señor se hace presente y toma Israel como su pueblo. El Señor se identifica como compasivo, clemente, misericordioso, y fiel. Ya vemos la anticipación de la Encarnación descrita en el Evangelio de hoy: como ese mismo Dios compasivo tanto amó al mundo que entregó a su Hijo para salvar al mundo. No es cosa simplemente del creyente humano como sumiso a un Dios todopoderoso: es en realidad cosa de un creyente respondiendo al amor perfecto que nos da vida en abundancia. Es una invitación a todos a entrar en el amor que existe entre las personas de la Santa Trinidad como escribe san Pablo en la otra lectura de hoy: «La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con ustedes». Eso es la invitación a cada uno de nosotros: que entremos en la comuníon de la Trinidad. Y entrando en ese comunio [en latín], en esa koinonia [en griego], es también entrar en comunión con todos los otros creyentes que hacen lo mismo. Así lo tendremos todo en abundancia sin falta de nada.


12.6.11

Pentecostés: Hechos 2:1-11; 1 Corintios 12:3-7, 12-13; Juan 20:19-23

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A typical Western image of the Pentecost. Ducc...Image via Wikipedia
El Espíritu Santo cayó en los discípulos en Pentecostés. En el medio de ellos, estuvo la primera que muchos años anterior había tenido la experiencia más intima del Espíritu Santo concedida a un mero ser humano, en toda la historia de la humanidad: la Virgen María. Se dice en la lectura de hoy que «todos . . . estaban reunidos en un mismo lugar» (Hechos 2:1). Los comentaristas notan que estos «todos» son el grupo descrito en Hechos 1:13-14, que incluye «María la madre de Jesús». 

Se manifiesta la Iglesia junto con la madre de la Iglesia, María. El que ignora a María ignora las Escrituras. El que ignora las Escrituras ignora a Cristo, como dijo san Jerónimo. También notamos que el líder de los apóstoles reunidos en Pentecostés es Pedro, él que da el sermón de Pentecostés (Hechos 2:14-36).

En la segunda lectura, san Pablo nos dice que el Espíritu Santo nos hace confesar a Jesús como «Señor». Nuestro Papa Benedicto XVI fue instrumental en hacer la misma proclamación en un documento muy atacado titulado 
Dominus Iesus, «Señor Jesús», unos años atrás para combatir la mentira que hay salvación fuera del nombre de Jesús. El Espíritu es muy específico: solamente Jesús es Señor. Los que reconocen otros «señores» no tienen el Espíritu Santo.

Finalmente, en el Evangelio, Jesús les concede el Espíritu Santo a los discípulos para que puedan perdonar y retener los pecados de los hombres. Insituye Jesús en este pasaje el sacramento de la confesión o reconciliación. Bueno, en esta fiesta de Pentecostés, nos preguntamos: ¿Dónde podemos encontrar una Iglesia que no ignora a María como madre de la Iglesia, una Iglesia que mira al sucesor de Pedro como su líder terrestre, una Iglesia que confiesa a Jesús como el único Señor, una Iglesia que cumple con el mandamiento de Jesús de perdonar y retener los pecados de la humanidad en el sacramento de confesión? También vemos en Pentecostés los carismas de la profecía en la proclamación de la gloria de Dios y del Evangelio y en el don de lenguas. Esos dones son expresiónes de la dimension carismática de la Iglesia y todavía existen y se practican hoy en la Iglesia Católica especialmente por medio del movimiento de renovación carismática. 

Todos estos elementos existen juntos únicamente en la Iglesia Católica Romana que se manifestó por primera vez en Pentecostés. No lo vamos callar o tapar. ¡Que se manifieste hoy como ayer!